Trasplante de hígado
Un enfoque funcional para apoyar el proceso antes, durante y después
Para Beto
El trasplante de hígado es uno de los procedimientos más complejos de la medicina moderna y, a la vez, una oportunidad de renacer para quienes viven con cirrosis, hepatitis fulminante, enfermedades metabólicas o daño hepático avanzado. Desde la medicina funcional, el objetivo es acompañar el proceso fortaleciendo al paciente en todas sus dimensiones: nutrición, inmunidad, inflamación, microbiota, mente y entorno.
La medicina funcional no sustituye al tratamiento médico, sino que lo complementa optimizando la recuperación y reduciendo complicaciones.
1. ¿Por qué es tan importante el hígado?
El hígado es uno de los órganos más multitarea del cuerpo:
- Detoxifica toxinas, medicamentos y hormonas
- Produce bilis para absorber grasas y vitaminas
- Regula glucosa e insulina
- Produce proteínas esenciales: albúmina, factores de coagulación
- Participa en la inmunidad y la inflamación
Cuando está enfermo, todo el sistema se desbalancea. Por eso, preparar el terreno antes y después del trasplante es crucial.
2. Antes del trasplante: ¿qué busca el enfoque funcional?
El pre-trasplante es una ventana clave para mejorar reservas nutricionales, modular inflamación y fortalecer el cuerpo para que llegue más fuerte a la cirugía.
Objetivos del enfoque funcional pre-trasplante:
- Reducir inflamación sistémica
- Mejorar microbiota para evitar infecciones
- Optimizar función inmune
- Corregir deficiencias nutricionales
- Proteger masa muscular (clave para la recuperación)
- Reducir carga tóxica
Nutrientes importantes antes del trasplante:
- Proteína de alta calidad: pollo, pescado, huevo (si está permitido), legumbres bien toleradas
- Omega 3 para modular inflamación
- Antioxidantes: vitamina C, E, selenio, NAC (según médico)
- Vitaminas del complejo B
- Zinc para inmunidad y cicatrización
- Vitamina D
Se suele evitar alcohol, azúcares, grasas trans, sodio en exceso y alimentos poco higiénicos por riesgo de infección.
3. La microbiota y el hígado: un eje clave
El hígado y el intestino están conectados por la vena porta. Cuando hay disbiosis (desequilibrio bacteriano), más toxinas llegan al hígado, aumentando inflamación.
En pacientes con enfermedad hepática o a punto de recibir trasplante, es común ver:
- Sobrecrecimiento bacteriano (SIBO)
- Permeabilidad intestinal
- Estreñimiento o diarrea
- Déficits nutricionales asociados
Apoyos funcionales:
- Prebióticos suaves según tolerancia
- Probióticos específicos aprobados por el médico
- Dieta antiinflamatoria
- Evitar alcohol y ultraprocesados
- Manejo de estreñimiento para reducir endotoxinas
4. Después del trasplante: metas del enfoque funcional
El post-trasplante implica inmunosupresores, riesgo de infecciones, cicatrización y adaptación del cuerpo a un nuevo hígado. La medicina funcional acompaña este proceso cuidando:
Recuperación
- Reponer proteínas para regeneración celular
- Asegurar suficientes antioxidantes para disminuir daño por fármacos
- Proteger riñones, que suelen resentir inmunosupresores
- Regular glucosa e insulina
Inmunidad
El equilibrio entre evitar rechazo y prevenir infecciones es delicado.
La funcional se enfoca en:
- Mantener buena microbiota
- Dormir adecuadamente
- Manejar estrés
- Optimizar vitamina D y zinc
- Evitar alimentos de riesgo (crudos, lácteos no pasteurizados, sushi, frutas sin lavar, etc.)
Apoyo hepático suave
Una vez autorizado por el hepatólogo:
- Cardo mariano (Silybum marianum)
- NAC
- Curcumina
- Fosfatidilcolina
- Té verde descafeinado
Siempre individualizado y aprobado por el médico tratante.
5. Mente y sistema nervioso
El trasplante no solo es físico, también emocional.
Muchos pacientes viven:
- Ansiedad
- Depresión
- Miedo al rechazo del órgano
- Estrés por el proceso
- Cansancio mental
Estrategias funcionales:
- Respiración vagal
- Terapias psicológicas
- Meditación guiada
- Rutinas consistentes de sueño
- Grupos de acompañamiento
Un sistema nervioso regulado mejora inmunidad y recuperación.
6. ¿Qué comer después del trasplante?
Una guía general:
Incluir:
- Pescado, pollo, pavo
- Verduras bien lavadas
- Grasas saludables: aceite de oliva, aguacate, nueces
- Granos enteros si se toleran
- Frutas bajas en azúcar
- Hierbas antiinflamatorias (romero, cúrcuma, ajo, jengibre)
Evitar:
- Alcohol (totalmente contraindicado)
- Carnes crudas o poco cocidas
- Sushi
- Jugos sin pasteurizar
- Quesos no pasteurizados
- Suplementos no aprobados
- Automedicación
7. Suplementación clave (con supervisión médica)
- Omega 3 EPA/DHA
- Vitamina D3 + K2
- Magnesio glicinato
- Zinc
- NAC o glutatión
- Probióticos específicos
- Selenio
Cada caso es diferente según función hepática y renal.
Conclusión
El trasplante de hígado no termina en la cirugía —empieza ahí una nueva oportunidad de vida. La medicina funcional acompaña este camino reforzando nutrición, microbiota, inflamación, sistema inmune, ambiente y emociones.
Cuando el paciente recibe apoyo integral:
- Mejora su energía
- Se fortalece su recuperación
- Disminuye la inflamación
- Baja el riesgo de infecciones
- Se optimiza la tolerancia a medicamentos
Un enfoque funcional humanizado potencia la longevidad y calidad de vida del nuevo hígado y de la persona que lo recibe.