Epilepsia desde la medicina funcional: Comprender las causas raíz y nuevas estrategias de apoyo neurológico
La epilepsia es una condición neurológica caracterizada por descargas eléctricas anormales en el cerebro, que generan crisis de diferente tipo. Tradicionalmente se aborda solo con medicamentos anticonvulsivos, pero la medicina funcional aporta una mirada complementaria: ¿qué factores biológicos, metabólicos, inflamatorios o ambientales están aumentando la excitabilidad neuronal?
Y más importante aún: ¿qué podemos hacer para modularlos?
1. La epilepsia no es solo un trastorno eléctrico: es un trastorno del terreno neurológico
El cerebro funciona como una red eléctrica altamente sensible a:
- Inflamación
- Estrés oxidativo
- Metabolismo energético
- Estado de la microbiota
- Toxicidad
- Deficiencias nutricionales
- Sueño
- Hormonas
Cuando uno de estos pilares se altera, las neuronas se vuelven más vulnerables a disparos anormales.
La medicina funcional busca restaurar este terreno desde la raíz.
2. Causas raíz que la medicina funcional considera en la epilepsia
2.1 Inflamación neuroinmune
La neuroinflamación aumenta la actividad eléctrica del cerebro. Puede originarse por:
- Infecciones
- Permeabilidad intestinal (“intestino permeable”)
- Deficiencia de omega 3
- Gluten en personas sensibles
- Problemas de microbiota
- Exposición a toxinas
Reducir inflamación es uno de los pilares para estabilizar el sistema nervioso.
2.2 Disfunción mitocondrial
Las mitocondrias producen la energía cerebral, y una falla en ellas puede aumentar convulsiones.
Claves funcionales:
- CoQ10
- Ribosa
- L-carnitina
- Magnesio
- Vitaminas B (especialmente B6, B12 y folato)
- DHA
2.3 Alteraciones del metabolismo de glucosa
El cerebro dependiente de glucosa puede volverse inestable ante fluctuaciones de azúcar.
Por eso surgen alternativas como:
- Dieta cetogénica (una de las terapias con mejor evidencia para epilepsia refractaria)
- Low carb antiinflamatoria
- Ayunos supervisados según caso
El objetivo es dar al cerebro energía estable y reducir estrés oxidativo.
2.4 Microbiota intestinal y eje intestino-cerebro
Hoy sabemos que niños y adultos con epilepsia suelen tener disbiosis:
- Menor diversidad bacteriana
- Más bacterias proinflamatorias
- Mayor permeabilidad intestinal
Cuando se corrige la microbiota, muchos pacientes mejoran la frecuencia e intensidad de sus crisis.
2.5 Deficiencias nutricionales asociadas a aumento de convulsiones
Algunas deficiencias comunes:
- Magnesio
- Zinc
- Vitamina D
- B6
- B12
- Folatos
- Selenio
- Taurina
- CoQ10
Estas moléculas regulan neurotransmisores, electricidad neuronal y detoxificación.
2.6 Toxinas ambientales
El cerebro es exquisitamente sensible a:
- Metales pesados (mercurio, arsénico, plomo)
- Pesticidas
- Solventes
- BPA
- Contaminación del aire
La carga tóxica puede alterar mitocondria, inflamación y neurotransmisores.
2.7 Estrés crónico y sueño deficiente
El cortisol elevado excita el sistema nervioso.
Dormir poco es uno de los desencadenantes más potentes de crisis.
3. ¿Qué propone la medicina funcional como apoyo integrativo?
Nunca sustituye el tratamiento neurológico, sino que lo complementa para estabilizar el terreno neurológico y reducir desencadenantes.
3.1 Nutrición antiinflamatoria específica para el cerebro
- Eliminar ultraprocesados, azúcar y grasas trans.
- Aumentar omega 3 (salmón, sardina, chía).
- Vegetales de todos los colores ricos en antioxidantes.
- Carnes limpias, pescados y huevos de buena calidad.
- Reducir gluten en personas sensibles o con autoinmunidad.
3.2 Dieta cetogénica o cetogénica modificada
Es una de las terapias más estudiadas, especialmente para epilepsia infantil refractaria.
Beneficios:
- Produce cuerpos cetónicos, una fuente de energía estable para el cerebro.
- Reduce inflamación.
- Modula neurotransmisores.
- Estabiliza la actividad eléctrica.
- Mejora la función mitocondrial.
Debe ser supervisada, especialmente en niños.
3.3 Microbiota: reparar el intestino para reparar el cerebro
Intervenciones funcionales:
- Probióticos específicos
- Prebióticos
- Eliminación del sobrecrecimiento fúngico o bacteriano si existe
- Dieta natural rica en fibra
- Evitar antibióticos innecesarios
El eje intestino-cerebro es clave en el control de crisis.
3.4 Regulación de neurotransmisores
Nutrientes que favorecen equilibrio:
- Magnesio glicinato o treonato
- Taurina
- GABA (según caso)
- L-teanina
- B6 para producción de GABA
- Zinc para equilibrio glutamato/GABA
3.5 Reducción de toxinas
Claves:
- Filtrar agua
- Evitar pescados grandes con mercurio
- Usar cosméticos libres de ftalatos y fragancias
- Evitar sartenes antiadherentes dañados
- Aumentar crucíferas para detox hepática
3.6 Salud mitocondrial
Soporte funcional:
- Coenzima Q10
- L-carnitina
- Riboflavina (B2)
- NAD+ en adultos
- Vitamina D
- Ácido alfa lipoico
- DHA
3.7 Sueño reparador y regulación del nervio vago
Técnicas:
- Rutina de sueño consistente
- Respiración 4-7-8
- Lámina de descarga o grounding
- Meditación guiada
- Yoga suave
- Masaje del nervio vago
- Exposición natural a luz solar
Un sistema nervioso regulado es menos propenso a convulsiones.
4. Rol de los suplementos (siempre supervisados)
Algunos con evidencia integrativa:
- Magnesio
- Taurina
- Vitamina D
- B6
- B12
- Folato
- DHA
- CoQ10
- L-carnitina
- NAC (reduce estrés oxidativo)
- Probióticos específicos
Nunca reemplazan el tratamiento médico, pero lo potencian.
5. Identificar desencadenantes individuales
Cada persona tiene distintos triggers:
- Falta de sueño
- Estrés
- Infecciones
- Fiebre
- Pantallas y luces brillantes
- Azúcar
- Carbohidratos simples
- Golpes en la cabeza
- Medicamentos
- Alcohol
La medicina funcional busca personalizarlos.
Conclusión: La epilepsia requiere cerebro, intestino, mitocondria y ambiente en equilibrio
La medicina funcional no promete “curar” la epilepsia, pero sí ofrece estrategias para:
- Reducir inflamación
- Estabilizar energía cerebral
- Mejorar la microbiota
- Optimizar nutrientes
- Reducir desencadenantes
- Fortalecer mitocondria
- Regular el sistema nervioso
- Mejorar la calidad de vida
El abordaje integrativo es especialmente valioso en epilepsia resistente, niños con autismo asociado, y adultos con crisis desencadenadas por estrés, inflamación o toxinas.